FLAMENCO
EL FLAMENCO
Las primeras referencias del flamenco son a partir del siglo XVIII. Tiene su origen en las ciudades de la Baja Andalucía, más concretamente en un barrio de Triana, en Sevilla. Nace de las diversas culturas que han pasado a lo largo de la historia por Andalucía, desde la islámica hasta la hindú. Aunque los que más aportaron a este estilo fueron los gitanos.
Es un baile muy expresivo que exige un gran control de tu cuerpo ya que es muy complicado coordinar la cabeza, los brazos, las manos, las piernas y los pies a la vez sin perder la postura del cuerpo y ponerle ese arte y esa gracia que tanto caracteriza al flamenco.
El baile flamenco tiene una estructura básica que se utiliza casi siempre en los estilos tradicionales. Este esquema sirve como punto de partida para cualquier palo, es flexible y ofrece muchas posibilidades. Mediante esta estructura los bailaores se comunican con los cantaores y guitarristas para comenzar o cerrar una parte cantada, cambiar de un aparte cantada a una zapateada, iniciar un zapateado, subir o cambiar de ritmo y para terminar un baile.
Es crucial que el bailaor este en contacto con el cantaor ya que sino sería un desastre porque, por ejemplo, si el cantaor está en medio de una letra y el bailarín empieza un zapateado, la voz no se oiría y perdería todo su encanto.
Una forma de avisar al cantante que puede empezar es hacer una llamada. Consiste en una combinación de sonidos con los zapatos, la cual ha sido previamente acordada entre bailaor y cantaor.
El flamenco se divide en palos, cada uno de ellos tiene su propio nombre, unas características determinadas que se llaman claves o modos y unos esquemas rítmicos llamados compás. Los palos se pueden clasificar siguiendo varios criterios: según sea su compás, su carácter festivo o serio, su origen geográfico... Los palos más importantes son las alegrías, los fandangos, las seguiriyas y las soleás. A partir de estos palos se han ido creando el resto.


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